Tira incluida en la 2da edición de la Revista de música no convencional + arte multidisciplinario llamada Grupo de Faena. Pronto, más información de la misma en este blog, como lugares de distribución, difusión, etc. A su vez, la misma podrá ser solicitada en formato PDF.
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martes, 17 de septiembre de 2013
jueves, 27 de junio de 2013
Praxis
Queridos amigos, comparto esta tira con ustedes. Forma parte de un relato visual mas largo, aun inconcluso, y esta es una síntesis. La misma formará parte de una publicación de música no convencional + arte multidisciplinario pronto a difundirse.
viernes, 17 de agosto de 2012
Chuba de Fabio Tonco + Ilustracion
Amigos, este es el relato Chuba de un amigo, Fabio Tonco. Al leerlo, dado su contenido visceral, sentí la imperiosa necesidad de ilustrarlo. Este es el resultado. Espero que lo disfruten tanto como yo!
Chuba por Fabio Tonco + ilustracion
ft@ingfabiotonco.com
El hombre descendió torpemente de la camioneta; le costaba mover su voluminoso cuerpo. Abrió la puerta trasera de la caja, y bajó una enorme olla sin manijas. Avanzaba con gran dificultad hacia la casa, abrazando el recipiente; sus cortos brazos apenas alcanzaban a abrazarlo. Con la cara fruncida, sacudía la cabeza, como si pudiese disipar la polvareda de la frenada, que aun se mantenía en el aire. Al llegar a la entrada lateral, que daba a la cocina, intentó abrir la puerta mosquitera con el pie, pero no lograba engancharla. Desde dentro de la casa, una mujer que preparaba la cena, lo observaba de reojo, sin hacer ningún movimiento para ayudarlo. Un niño pequeño, jugaba en el suelo. Sus movimientos y gritos esporádicos, hacían dudar de su normalidad.
-La puta que lo pario! alguien me puede abrir la puerta. -Gritó el hombre.
La mujer se demoró unos instantes más; deliberadamente termino de picar la cebolla que tenía sobre la tabla, y luego se dirigió a auxiliar al hombre. Mientras él trataba de pasar su cuerpo por la puerta, ensanchado por el bulto, la mujer lo observaba, disfrutando de su dificultad. Cuando logró pasar, depositó su carga en el suelo.
-Mirá lo que te traje. Lo encontré al lado de la tranquera, con un ladrillo encima de la tapa, - exclamó el hombre con satisfacción.
-¿Qué es? - Preguntó ella.
-Chuba. Una olla bien cargada.-dijo, mientras levantaba la tapa con una mano y con la otra tomaba un jarro de la mesa. Levemente lo sumergió en el líquido oscuro, y esquivando algunas hierbas que flotaban en la superficie, lo sacó medio lleno.
Lo olfateó, probó un sorbo, y luego de degustarlo y suspirar un gesto de aprobación, se tomó el resto.
-Que porquería. ¿Como pueden tomar eso? - contestó ella con un gesto de repugnancia. ¿Quien lo dejó?-preguntó.
-Ahh...que bueno. Está bien fuerte. -dilató la respuesta hasta que vio como el gesto de su mujer se endurecía. Y un segundo antes de que ella se diera media vuelta le respondió. -Seguro que fue el Tito, para festejar que nos sacamos de encima a la bruja de mierda. En cualquier momento llama para avisar que se viene para acá y nos agarramos un pedo bárbaro con esta Chuba de primera.
-No tendrían que haberles pegado, al marido casi lo matan.
-Que, ahora la defendes? Con toda la guita que nos sacó, prometió que lo iba a curar al nene, y está peor que nunca. Ahora no va a engañar más a nadie. Y que agradezca que no le quemamos el rancho - contestó él.
Entonces sacó otro jarro lleno de Chuba y se acercó al niño. Intentó darle de probar, pero al mojarle los labios, lo escupió con un gesto de asco, dando un chillido. La madre se dio vuelta y viendo la situación le gritó acercándose sin soltar la cuchilla. -Dejalo en paz! Ni se te ocurra darle esa agua sucia!
El hombre la apartó de un empujón, y apretando el brazo del chico logro que abriera la boca para quejarse. En ese instante lo obligó a tomar un sorbo del licor.
-Ahí está. Así se va a hacer hombre, o también queres que sea maricón! y alzando el jarro en alto se tomó el resto del contenido.
Ella retrocedió mirándolos a ambos, con los ojos cada vez mas enrojecidos, apretando con fuerza el puño vacío y la cuchilla, hasta apoyarse en la mesada. El niño corría de un lado a otro, gritando, golpeando frenéticamente dos juguetes ya muy maltratados, y su marido, tambaleándose más que de costumbre, finalmente se derrumbó en una silla, al lado de la olla. Se arremangó bien y sumergió los dos brazos sucios de todo el día de trabajo.
-A ver de que esta hecha esta Chuba. A ver, a ver... Oh, me lo imaginaba, por el gustito, -y sacó del interior una enorme cabeza de cerdo, la alzó bien alto, exhibiéndola como un trofeo, e intentó ponérsela como si fuese un casco. Si bien le habían quitado el cráneo, y solo estaba la piel, la cabeza del cerdo no era lo suficientemente grande para entrar en la suya. Mientras seguía intentando, chorreaba el licor oscuro sobre su cuerpo. La miraba de su esposa cambiaba de angustia a asco. Herirla, le causaba un gran placer, el único que compartían. Tal vez ella también prefería eso antes que la indiferencia, por eso lo provocaba en todo momento. Un juego peligroso, alimentado por el resentimiento mutuo, que llegó con el nacimiento de un hijo que no era lo que esperaban.
Aprovechó que su esposa desviaba la vista, se incorporó y comenzó a perseguir al niño corriendo con la cabeza de chancho adelante. El niño huía por la casa, gritando. No se alcanzaba a comprender si era por diversión o por pánico. Se habían alejado de la cocina, ella no podía verlos. Finalmente alcanzo al niño y le puso como capucha la cabeza del cerdo. Aterrorizado, éste corría intentando sacársela, hasta que chocó con la mesa y cayó al suelo. La mujer alertada por el primer grito llegó a ver toda la escena., y fuera de si, blandiendo la cuchilla se abalanzó sobre el hombre.
El la estaba esperando, y con una agilidad sorprendente, la golpeo arrojándola al suelo. Otras veces necesitaba seguir, así que ella se cubrió el cuerpo esperando que sacara el cinturón, pero esta vez no lo hizo. Enseguida llenó otro vaso de Chuba y lo dejo al costado. Se sentó sobre ella para inmovilizarla, le torció los brazos detrás de la espalda, la tomo del pelo y la tiró para atrás, obligándola a voltear la cabeza. Con un solo brazo mantenía los de ella aprisionados, junto a un mechón de pelo, de manera que no pudiese enderezar el cuello. Podrían haber sido dos amantes jugando; él recordaba aun cuando lo eran, y el rencor aumentaba su ira. Agarró el jarro y comenzó a forzarla a beber; gran parte del licor se chorreaba por sus pechos.
Lo excitaba verla retorcerse contra su cuerpo. Estaba lo suficientemente cerca de la olla para ir llenando el jarro cada vez que lo vaciaba. Bebía uno y luego la obligaba a ella a tomar otro. Habría seguido hasta terminar todo el recipiente, pero el niño pareció y le mordió el brazo.
El hombre furioso soltó a la mujer, lo pateo alejándolo de él. La herida parecía hecha con los colmillos de una bestia y no con los de su hijo. Comenzó a perseguirlo. - Es peor que un animal, -gritaba con la cara enrojecida.
El hombre logró atrapar al niño e intento sacarle la cabeza de cerdo.
-La puta que lo pario, como se atrancó! No podía comprender como se le había adherido de esa forma; sus ojos se movían en la cuenca de la cabeza del animal muerto como si le pertenecieran. Cuando notó un extraño vello en los brazos del niño, que estaba seguro que no lo tenía hacia unos minutos, lo soltó espantado. Notó por primera vez un dejo raro en la boca, como a romero mezclado con salvia, un dejo particular, que le recordaba el jarabe que la curandera le daba a su hijo.
Pateó con furia la olla, y todo el líquido se desparramó por el suelo, junto con diversas partes de un animal. Entre ellas había una bolsita de alpillera. La abrió y vio un pequeño juguete de su hijo, un reloj que pensaba había perdido y unos aros de su esposa, junto a mechones de cabello humano. Desesperado arrojó todo al charco nuevamente.
La Chuba era de ella. La bruja lo hizo, se estaba vengando. La tendría que haber matado aquel día, y tirar el cuerpo a los chanchos para que se la coman. Se lo gritó, aquel día. Le dijo: Conchuda de mierda, con los cerdos tenes que estar, mientras la empujaba al suelo.
Tomó entonces un cuchillo, atrapó nuevamente a su hijo y trató de hacer palanca en el cuello. El niño gritó desesperado, sacudiendo la cabeza. Un hilo de sangre empezó a correr por sus hombros.
La mujer se incorporó aterrorizada con la escena; no tendría fuerzas para separarlos. Corrió al living y trajo la escopeta.
-Turro de mierda, será lo que será, pero no lo toques mas! – gritó enloquecida mientras le apuntaba al marido.
El hombre la miró con desprecio, soltó al niño e intento manotear el arma.
Los dos caños dispararon a la vez. El impacto en el abdomen arrojó al hombre contra la pared, pero no lo mató de golpe. Su expresión, por un instante fue más de sorpresa que de dolor, hasta que lanzó un alarido y comenzó a retorcerse en el suelo, tratando de cerrar el enorme orificio por donde se le escapaban los intestinos.
El niño salió corriendo en cuatro patas al exterior, con una agilidad asombrosa. Ya casi en oscuridad, escapó hacia la porqueriza.
Su madre lo siguió llamándolo, aun con el arma en mano. Lo alcanzó recién en el corral, y trató de encontrarlo, pero no podía distinguirlo del resto de los animales.
Entró hundiendo sus pies en el barro, y recorriendo uno por uno, al final creyó reconocerlo. Ya no tenia la ropa puesta, y con la cabeza casi enterrada en el recipiente de la comida, se alimentaba con desesperación, compitiendo con los demás lechones.
Ella todavía lo distinguía, pero intuyó que tal vez en un rato más ya no podría. Levantó la escopeta, despegó los dos cartuchos de recambio adheridos a la culata, recargó, y en un susurro que solo ella podía escuchar exclamó:
-Dos cartuchos son suficientes, uno para cada uno.
Fin
Chuba por Fabio Tonco + ilustracion
ft@ingfabiotonco.com
El hombre descendió torpemente de la camioneta; le costaba mover su voluminoso cuerpo. Abrió la puerta trasera de la caja, y bajó una enorme olla sin manijas. Avanzaba con gran dificultad hacia la casa, abrazando el recipiente; sus cortos brazos apenas alcanzaban a abrazarlo. Con la cara fruncida, sacudía la cabeza, como si pudiese disipar la polvareda de la frenada, que aun se mantenía en el aire. Al llegar a la entrada lateral, que daba a la cocina, intentó abrir la puerta mosquitera con el pie, pero no lograba engancharla. Desde dentro de la casa, una mujer que preparaba la cena, lo observaba de reojo, sin hacer ningún movimiento para ayudarlo. Un niño pequeño, jugaba en el suelo. Sus movimientos y gritos esporádicos, hacían dudar de su normalidad.
-La puta que lo pario! alguien me puede abrir la puerta. -Gritó el hombre.
La mujer se demoró unos instantes más; deliberadamente termino de picar la cebolla que tenía sobre la tabla, y luego se dirigió a auxiliar al hombre. Mientras él trataba de pasar su cuerpo por la puerta, ensanchado por el bulto, la mujer lo observaba, disfrutando de su dificultad. Cuando logró pasar, depositó su carga en el suelo.
-Mirá lo que te traje. Lo encontré al lado de la tranquera, con un ladrillo encima de la tapa, - exclamó el hombre con satisfacción.
-¿Qué es? - Preguntó ella.
-Chuba. Una olla bien cargada.-dijo, mientras levantaba la tapa con una mano y con la otra tomaba un jarro de la mesa. Levemente lo sumergió en el líquido oscuro, y esquivando algunas hierbas que flotaban en la superficie, lo sacó medio lleno.
Lo olfateó, probó un sorbo, y luego de degustarlo y suspirar un gesto de aprobación, se tomó el resto.
-Que porquería. ¿Como pueden tomar eso? - contestó ella con un gesto de repugnancia. ¿Quien lo dejó?-preguntó.
-Ahh...que bueno. Está bien fuerte. -dilató la respuesta hasta que vio como el gesto de su mujer se endurecía. Y un segundo antes de que ella se diera media vuelta le respondió. -Seguro que fue el Tito, para festejar que nos sacamos de encima a la bruja de mierda. En cualquier momento llama para avisar que se viene para acá y nos agarramos un pedo bárbaro con esta Chuba de primera.
-No tendrían que haberles pegado, al marido casi lo matan.
-Que, ahora la defendes? Con toda la guita que nos sacó, prometió que lo iba a curar al nene, y está peor que nunca. Ahora no va a engañar más a nadie. Y que agradezca que no le quemamos el rancho - contestó él.
Entonces sacó otro jarro lleno de Chuba y se acercó al niño. Intentó darle de probar, pero al mojarle los labios, lo escupió con un gesto de asco, dando un chillido. La madre se dio vuelta y viendo la situación le gritó acercándose sin soltar la cuchilla. -Dejalo en paz! Ni se te ocurra darle esa agua sucia!
El hombre la apartó de un empujón, y apretando el brazo del chico logro que abriera la boca para quejarse. En ese instante lo obligó a tomar un sorbo del licor.
-Ahí está. Así se va a hacer hombre, o también queres que sea maricón! y alzando el jarro en alto se tomó el resto del contenido.
Ella retrocedió mirándolos a ambos, con los ojos cada vez mas enrojecidos, apretando con fuerza el puño vacío y la cuchilla, hasta apoyarse en la mesada. El niño corría de un lado a otro, gritando, golpeando frenéticamente dos juguetes ya muy maltratados, y su marido, tambaleándose más que de costumbre, finalmente se derrumbó en una silla, al lado de la olla. Se arremangó bien y sumergió los dos brazos sucios de todo el día de trabajo.
-A ver de que esta hecha esta Chuba. A ver, a ver... Oh, me lo imaginaba, por el gustito, -y sacó del interior una enorme cabeza de cerdo, la alzó bien alto, exhibiéndola como un trofeo, e intentó ponérsela como si fuese un casco. Si bien le habían quitado el cráneo, y solo estaba la piel, la cabeza del cerdo no era lo suficientemente grande para entrar en la suya. Mientras seguía intentando, chorreaba el licor oscuro sobre su cuerpo. La miraba de su esposa cambiaba de angustia a asco. Herirla, le causaba un gran placer, el único que compartían. Tal vez ella también prefería eso antes que la indiferencia, por eso lo provocaba en todo momento. Un juego peligroso, alimentado por el resentimiento mutuo, que llegó con el nacimiento de un hijo que no era lo que esperaban.
Aprovechó que su esposa desviaba la vista, se incorporó y comenzó a perseguir al niño corriendo con la cabeza de chancho adelante. El niño huía por la casa, gritando. No se alcanzaba a comprender si era por diversión o por pánico. Se habían alejado de la cocina, ella no podía verlos. Finalmente alcanzo al niño y le puso como capucha la cabeza del cerdo. Aterrorizado, éste corría intentando sacársela, hasta que chocó con la mesa y cayó al suelo. La mujer alertada por el primer grito llegó a ver toda la escena., y fuera de si, blandiendo la cuchilla se abalanzó sobre el hombre.
El la estaba esperando, y con una agilidad sorprendente, la golpeo arrojándola al suelo. Otras veces necesitaba seguir, así que ella se cubrió el cuerpo esperando que sacara el cinturón, pero esta vez no lo hizo. Enseguida llenó otro vaso de Chuba y lo dejo al costado. Se sentó sobre ella para inmovilizarla, le torció los brazos detrás de la espalda, la tomo del pelo y la tiró para atrás, obligándola a voltear la cabeza. Con un solo brazo mantenía los de ella aprisionados, junto a un mechón de pelo, de manera que no pudiese enderezar el cuello. Podrían haber sido dos amantes jugando; él recordaba aun cuando lo eran, y el rencor aumentaba su ira. Agarró el jarro y comenzó a forzarla a beber; gran parte del licor se chorreaba por sus pechos.
Lo excitaba verla retorcerse contra su cuerpo. Estaba lo suficientemente cerca de la olla para ir llenando el jarro cada vez que lo vaciaba. Bebía uno y luego la obligaba a ella a tomar otro. Habría seguido hasta terminar todo el recipiente, pero el niño pareció y le mordió el brazo.
El hombre furioso soltó a la mujer, lo pateo alejándolo de él. La herida parecía hecha con los colmillos de una bestia y no con los de su hijo. Comenzó a perseguirlo. - Es peor que un animal, -gritaba con la cara enrojecida.
El hombre logró atrapar al niño e intento sacarle la cabeza de cerdo.
-La puta que lo pario, como se atrancó! No podía comprender como se le había adherido de esa forma; sus ojos se movían en la cuenca de la cabeza del animal muerto como si le pertenecieran. Cuando notó un extraño vello en los brazos del niño, que estaba seguro que no lo tenía hacia unos minutos, lo soltó espantado. Notó por primera vez un dejo raro en la boca, como a romero mezclado con salvia, un dejo particular, que le recordaba el jarabe que la curandera le daba a su hijo.
Pateó con furia la olla, y todo el líquido se desparramó por el suelo, junto con diversas partes de un animal. Entre ellas había una bolsita de alpillera. La abrió y vio un pequeño juguete de su hijo, un reloj que pensaba había perdido y unos aros de su esposa, junto a mechones de cabello humano. Desesperado arrojó todo al charco nuevamente.
La Chuba era de ella. La bruja lo hizo, se estaba vengando. La tendría que haber matado aquel día, y tirar el cuerpo a los chanchos para que se la coman. Se lo gritó, aquel día. Le dijo: Conchuda de mierda, con los cerdos tenes que estar, mientras la empujaba al suelo.
Tomó entonces un cuchillo, atrapó nuevamente a su hijo y trató de hacer palanca en el cuello. El niño gritó desesperado, sacudiendo la cabeza. Un hilo de sangre empezó a correr por sus hombros.
La mujer se incorporó aterrorizada con la escena; no tendría fuerzas para separarlos. Corrió al living y trajo la escopeta.
-Turro de mierda, será lo que será, pero no lo toques mas! – gritó enloquecida mientras le apuntaba al marido.
El hombre la miró con desprecio, soltó al niño e intento manotear el arma.
Los dos caños dispararon a la vez. El impacto en el abdomen arrojó al hombre contra la pared, pero no lo mató de golpe. Su expresión, por un instante fue más de sorpresa que de dolor, hasta que lanzó un alarido y comenzó a retorcerse en el suelo, tratando de cerrar el enorme orificio por donde se le escapaban los intestinos.
El niño salió corriendo en cuatro patas al exterior, con una agilidad asombrosa. Ya casi en oscuridad, escapó hacia la porqueriza.
Su madre lo siguió llamándolo, aun con el arma en mano. Lo alcanzó recién en el corral, y trató de encontrarlo, pero no podía distinguirlo del resto de los animales.
Entró hundiendo sus pies en el barro, y recorriendo uno por uno, al final creyó reconocerlo. Ya no tenia la ropa puesta, y con la cabeza casi enterrada en el recipiente de la comida, se alimentaba con desesperación, compitiendo con los demás lechones.
Ella todavía lo distinguía, pero intuyó que tal vez en un rato más ya no podría. Levantó la escopeta, despegó los dos cartuchos de recambio adheridos a la culata, recargó, y en un susurro que solo ella podía escuchar exclamó:
-Dos cartuchos son suficientes, uno para cada uno.
Fin
miércoles, 11 de julio de 2012
Sala de infectología / julio 2012
Sala de esperas repletas, agonizantes. Llantos, quejidos y estertores de nuestros mayores.
Estornudos infecciosos, berrinches de los pibes. Copetudas que se mofan del tufillo
del entorno; olor a barbituricos que nos asquean hasta la nausea. Horas que se arrastran
en un espacio muerto, sin tiempo. La expectación de una puerta que se abre al final del
pasillo, y a lo lejos se oye un apellido que nunca es el nuestro.
Pasen y vean, procurense un lugar y esperen, no hay insumos, pero le recomendamos usar barbijo.
Díptico. Imagen intervenida con acuarelas y tinta
Tos convulsa, tos de perro.
Rabia
Rabia II
Último chorro.
Copetudas
Berrinche
Descuido de los padres
Soberbia médica
Técnicas mixtas, tinta china, acuarelas, lapiz, imagen intervenida.
Sala de infectología / Marcelo Fernández / julio 2012
martes, 26 de junio de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
Una acuarela...
Sobre la opresión.
Por los reprimidos.
Por los que subyugan con credos insostenibles
a nuestros tiempos,
coartando, cercenando, malogrando utopías,
y toda posibilidad de digna superación.
jueves, 22 de diciembre de 2011
2DO PREMIO para HORA PICO (Nos retorcemos con el gentío)
Queridos Amigos:
Quiero compartir con uds. el premio que he recibido por segundo año consecutivo para el X Concurso de Ilustracion "Leopoldo Marechal", en la categoria separador cuento, para la decimo edición del libro Antología de Cuento y Poesía, editorial Pluma e Gallo.
El mismo tuvo lugar el pasado sab. 17 de diciembre, en el
marco de la fiesta de fin de año de los talleres de Artes
visuales "Villa Mecenas" de Morón, y presentación del libro
Antología de Cuento y Poesía/ 9.
Muestra de las obras ganadoras y menciones en:
tapa, separador poesía, y separador cuento con Hora Pico.
Hora Pico
Nos retorcemos con el gentío, rozando nuestros
cuerpos. Conocemos los olores del prójimo, en
Intima repugnancia.
Mujeres, niños y hombres enfrentan sus caras,
con miradas hostiles. Largos viajes fatigando
bostezos.
Reconocemos en el otro lo que no queremos ser;
como no quisiéramos terminar.
Otras veces, en los últimos trenes, en vagones casi
vacios, nos sentimos solitarios como en un viaje
Cíclico, observando en rostros vencidos, todo el rigor
del trajín rutinario.
M.F. 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
Refritos y añoranzas de un oficio.
Texto por Laura Fiori,
para la Serie Refritos y Añoranzas de un oficio:
La serie "Refritos y añoranzas de un oficio" nos muestra la animalización de la humanidad en trance de supervivencia. Son hijos de la teoría darwiniana en la cual el hombre no tiene un lugar privilegiado en la naturaleza, sino que es parido por ésta en forma azarosa, ciega y hambrienta.
Cito parte del artículo "El siglo de la aniquilación. Viaje de un naturalista alrededor del mundo, de Charles Darwin" del libro El amor de mi vida de Rosa Montero:
"Hasta
el siglo XIX el mito del Génesis se había mantenido como tal: Dios había creado
al hombre a su imagen y semejanza, y había puesto a toda la Naturaleza a su
merced; los primeros hombres habían sido Adán y Eva, exactamente iguales a los
modernos humanos. Pero los datos que Darwin iba acumulando a través de sus
viajes contradecían fundamentalmente todo esto (...)
"Porque
su teoría de la evolución, que hoy es la de toda la ciencia moderna, era
ciertamente aterradora: no sólo no había un Dios meticuloso, perfectamente
organizado y previsor en el principio de todas las cosas, sino que los cambios
evolutivos se producían ciegamente, torpemente, por azar. La naturaleza creaba
monstruos, y alguno de esos monstruos, por pura casualidad, resultaban ser más
aptos para enfrentarse al medio ambiente y sobrevivían. Ese mundo absurdo e
insensato ("la torpe, derrochadora, errónea, rastrera y horriblemente
cruel obra de la naturaleza", escribía Darwin, espantado de sus propios
descubrimientos) era demasiado difícil de asumir”
Según la cosmogonía cristiana el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, posee un destello divino en su ser, expresado en virtudes como el amor y la capacidad de socialización y trascendencia. En contraposición a esta visión, de un modo expresionista los seres de “Refritos” están en íntima intuición darwiniana.
En los dibujos "Cuidar la zona" y "Llenar el buche", por ejemplo, aparecen hombres guiados por el instinto, no ya en las Islas Galápagos o en la selva de Misiones como en la narrativa de Horacio Quiroga, sino en la urbe. Por eso se observan las pezuñas, las orejas grandes y peludas para "Oír mejor", bocas enormes y dientes bien afilados, nalgas prominentes, todos instrumentos para satisfacer las necesidades. El otro aparece como una sustancia en un ritual voraz. Basta echar un vistazo a las grandes ciudades del mundo para verlas reflejadas en los dibujos titánicos de "refritos", donde la obtención del alimento y el sexo son comercios para continuar con la especie.
Estos seres emergen en el plano de la subsistencia, sin dios, no hay en ellos trascendencia ni redención posible. Y es el hombre devorando al hombre en forma monstruosa lo que termina resultando: la aniquilación al “Llenar el buche”.
Cuidar la zona
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Llenar el buche |
![]() |
Otro, como tantos... |
![]() |
Un buen cliente. Strip night |
lunes, 11 de julio de 2011
ExtraÑos Padecimientos | serie marzo 2010
Los especialistas los consideran seres mitológicos de inconmensurables siglos que, cuya ramificación genética o parental, se remonta tal vez al Hombre de Piedra o al Golem.
Algunos grabados hallados en las ruinas de civilizaciones precolombinas, revelan un elevado conocimiento de aquellos nativos hacia estos seres, además de la fluida interacción con-vivencial que muestran las imágenes. Este hecho fundamenta su posible existencia en estas latitudes, teoría que cobra fuerza por el hábito del nomadismo, aunque no faltan quienes lo atribuyen a vivaces evocaciones de la imaginería de los nativos.
Se caracterizan principalmente por una inusitada inestabilidad física. Esta, se manifiesta ante algún imprevisto roce o brusco movimiento de cualquiera de sus miembros que pueda suponer, se cree, un potencial daño, momento en el cual todo el cuerpo es víctima de un extraño padecimiento convulso, en donde la masa muscular experimenta inverosímiles posturas. De aquel lugar en cuestión, surgen las más extravagantes figuras –a veces humanas, otras animal– experimentando también dicho trauma al momento que estos seres se encuentran en pleno acto sexual.
Al momento de la crisis, sus cuerpos se desplazan por el piso, ensayando frenéticos movimientos, emitiendo un gruñido sordo y constante, tensionando sus tendones a más no poder, hasta llegar, a duras penas, a algún escondrijo oscuro. Una vez guarecidos, por espacio de unos veinte a cuarenta minutos esperan, con la respiración lenta y dificultosa, hasta recobrar lentamente su estado normal. Generalmente, esto lo padecen durante el día, de modo que tienen que esperar hasta bien entrada la noche para volverse a sus casas, ya que, naturalmente, sus ropas quedan hechas andrajos.
Un periodista español de visita por un remoto pueblito Albanes, asegura haber escuchado historias acerca de la huída de estos seres en plena transformación, mientras que un grupo de niños revoltosos los perseguían tirándole todo cuanto encontraban en la calle.
Todavía no se sabe a ciencia cierta a qué fenómeno responde esto, si a causas meteorológicas, al estado de ánimo con el que se levantan, o a cómo la luz incide sobre ellos. Algunos paleontólogos de medio oriente especulan que dicha metamorfosis tiene implicancias atávicas, es decir, que responden a un extremo instinto animal de preservación. Según trascendidos, raras veces, este violento proceso se torna sutil y armonioso, rozando a algo parecido a una danza coreográfica, a una suerte de neo-figuración lírica.
Las cicatrices que trazan lo largo y ancho de sus cuerpos nos indican los puntos por donde la metamorfosis tuvo lugar. Resultan interesantes visualizarlas una por una, e imaginar cuan grotesco o deforme era el aspecto de todo aquello que por ahí salió.
A pesar de la actitud agnóstica de algunos señores, la voz unánime de muchos testigos asegura que estos individuos circulan actualmente por las calles, sin que, como otros tantos suponen, permanezcan recluidos por organismos gubernamentales, o por siderales sectas proféticas.
De modo que cuando gozan de estado normal, con el aspecto de "cualquiera de nosotros", sus actitudes en la vía pública son correctas, hasta se diría en extremo caballerosas, sin que nadie pueda siquiera sospechar el trauma que sobrellevan, o en la indecible forma en la que de un momento a otro se convertirían ante a alguno de nosotros.
Algunos grabados hallados en las ruinas de civilizaciones precolombinas, revelan un elevado conocimiento de aquellos nativos hacia estos seres, además de la fluida interacción con-vivencial que muestran las imágenes. Este hecho fundamenta su posible existencia en estas latitudes, teoría que cobra fuerza por el hábito del nomadismo, aunque no faltan quienes lo atribuyen a vivaces evocaciones de la imaginería de los nativos.
Se caracterizan principalmente por una inusitada inestabilidad física. Esta, se manifiesta ante algún imprevisto roce o brusco movimiento de cualquiera de sus miembros que pueda suponer, se cree, un potencial daño, momento en el cual todo el cuerpo es víctima de un extraño padecimiento convulso, en donde la masa muscular experimenta inverosímiles posturas. De aquel lugar en cuestión, surgen las más extravagantes figuras –a veces humanas, otras animal– experimentando también dicho trauma al momento que estos seres se encuentran en pleno acto sexual.
Al momento de la crisis, sus cuerpos se desplazan por el piso, ensayando frenéticos movimientos, emitiendo un gruñido sordo y constante, tensionando sus tendones a más no poder, hasta llegar, a duras penas, a algún escondrijo oscuro. Una vez guarecidos, por espacio de unos veinte a cuarenta minutos esperan, con la respiración lenta y dificultosa, hasta recobrar lentamente su estado normal. Generalmente, esto lo padecen durante el día, de modo que tienen que esperar hasta bien entrada la noche para volverse a sus casas, ya que, naturalmente, sus ropas quedan hechas andrajos.
Un periodista español de visita por un remoto pueblito Albanes, asegura haber escuchado historias acerca de la huída de estos seres en plena transformación, mientras que un grupo de niños revoltosos los perseguían tirándole todo cuanto encontraban en la calle.
Todavía no se sabe a ciencia cierta a qué fenómeno responde esto, si a causas meteorológicas, al estado de ánimo con el que se levantan, o a cómo la luz incide sobre ellos. Algunos paleontólogos de medio oriente especulan que dicha metamorfosis tiene implicancias atávicas, es decir, que responden a un extremo instinto animal de preservación. Según trascendidos, raras veces, este violento proceso se torna sutil y armonioso, rozando a algo parecido a una danza coreográfica, a una suerte de neo-figuración lírica.
Las cicatrices que trazan lo largo y ancho de sus cuerpos nos indican los puntos por donde la metamorfosis tuvo lugar. Resultan interesantes visualizarlas una por una, e imaginar cuan grotesco o deforme era el aspecto de todo aquello que por ahí salió.
A pesar de la actitud agnóstica de algunos señores, la voz unánime de muchos testigos asegura que estos individuos circulan actualmente por las calles, sin que, como otros tantos suponen, permanezcan recluidos por organismos gubernamentales, o por siderales sectas proféticas.
De modo que cuando gozan de estado normal, con el aspecto de "cualquiera de nosotros", sus actitudes en la vía pública son correctas, hasta se diría en extremo caballerosas, sin que nadie pueda siquiera sospechar el trauma que sobrellevan, o en la indecible forma en la que de un momento a otro se convertirían ante a alguno de nosotros.
lunes, 11 de abril de 2011
Postales de vida de Enrique Mondano. 1ra. Parte
Que tal amigos, les presento la primera parte de esta nueva serie. Tiene que ver con un personaje llamado Enrique Modano, que trabaja en una agencia, como cadete de moto, y juntos, haremos una suerte de seguimiento en sus quehaceres cotidianos.
Una mañana más. Antes de salir a laburar, Enrique desayuna con su amorcito. Un clásico cotidiano: café con leche, medialunas, y alguna facturita con pastelera.
viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
Espera, espera, y el mundo arderá
Espera, espera, y el mundo arderá!
Sebastian (Amigo fotógrafo) izquierda. yo, a la
derecha, emulando a los personajes del dibujo...
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Convivencia.

Con gran alegría, les presento la obra ganadora del Primer Premio, separador cuento, del IX concurso de ilustración Leopoldo Marechal, para el libro Antología de escritores de Morón, de la editorial Pluma e-Gallo, a cargo de la dirección de arte y cultura del municipio de Morón. Se llama "Convivencia". Quiero compartirla con uds. y mis amigos. Saludos. indertod.
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